DÍA MUNDIAL DEL MEDIO AMBIENTE: “HAY QUE HACER POLÍTICAS PÚBLICAS INTEGRADORAS”

WhatsApp Image 2018-10-02 at 17.38.11En el marco del Día Nacional del Medio Ambiente Jennifer Romero, Directora Ejecutiva de la AIFBN, fue entrevistada por el programa el Semáforo de Radio Universidad de Chile, para hablar sobre la actual situación de los Parques Nacionales y el Sector Forestal de Chile.

Revisa la entrevista completa aquí:

Audio gentileza Radio Universidad de Chile


DÍA MUNDIAL CONTRA EL MONOCULTIVO DE ÁRBOLES

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Alberto Peña, Ingeniero Forestal y socio AIFBN

En junio de 2016 fallecía Alvin Toffler, escritor estadounidense, doctor en sociología, autor de tres obras señeras: El Shock del Futuro; La Tercera Ola y; El Cambio en el Poder (un estudio sobre las nuevas formas de dominio que controlaban la riqueza). Era un preclaro futurista que fue capaz de predecir muchos de los actuales escenarios.

Es Alvin Toffler el que acuña, en 1980, el concepto de indusrealidad para referirse a los procesos de uniformización, especialización, sincronización, concentración, maximización y centralización que caracterizarían a los sistemas industriales surgidos de la revolución industrial. Vemos la indusrealidad de Toffler con claridad cuando analizamos las plantaciones forestales instaladas en Chile y en otros países del mundo. No es sólo una plantación monotípica, semejante a un cultivo agrícola. Las plantaciones se fueron adueñando del paisaje y se les presentó como un noble cultivo que permitía mitigar los fuertes procesos erosivos que habían desatado los monocultivos de trigo; también se les mostraba como un aporte al desarrollo de los territorios y su gente. Sin embargo ambos monocultivos se concebían bajo el mismo concepto de indusrealidad uniformadora, concentrada, centralizada, sincronizada y que pretendían maximizar la renta del suelo incluso a precio de su degradación. Esta indusrealidad es monótona, repetitiva hasta el cansancio, unidimensional, que sólo busca maximizar las utilidades de sus dueños también concentrados. Sin hacerse cargo de sus múltiples impactos tanto sociales como ambientales y ecológicos. Y aunque Toffler advertía tempranamente los riesgos inherentes a la uniformidad de los procesos y a su concentración, no alcanzó a percibir los megafenómenos que la revolución industrial desataría a cien años de distancia y que hoy los habitantes del siglo XXI percibimos cada vez con mayor fuerza y evidencia: la Desertificación y el Cambio Climático.  

Hoy en día cada 21 de Septiembre, junto con conmemorar el Día Internacional de Lucha contra los Monocultivos de Árboles, las organizaciones, redes y movimientos celebran la resistencia y alzan sus voces para exigir que se detenga la expansión de las plantaciones industriales de árboles. Y su rebelión no es un capricho que surge de la ignorancia (como algunos señalan). Dichas plantaciones amenazan la soberanía de comunidades y pueblos. Amenazan su seguridad. Hoy vemos que estos enclaves industriales de los cuales las plantaciones son meros insumos, se transforman paulatinamente en enclaves monopólicos que contribuyen a incrementar la vulnerabilidad de las personas y comunidades. Hay que destacar que esta declaración no es contra especies en particular, sino contra la forma de establecimiento y administración de monocultivos masivos, que por su magnitud y continuidad afectan la biodiversidad, la variedad de paisajes, los balances hídricos y además, por la forma de cosecha (tala rasa), eliminan los escasos atributos positivos que pudieron tener, como la retención de suelos mientras se mantuvo en pie la plantación.

El Día Internacional de Lucha contra los Monocultivos de Árboles fue declarado en 2004, durante un encuentro de una red comunitaria que lucha contra las plantaciones industriales de árboles en Brasil; se eligió el 21 de septiembre porque en esa fecha Brasil celebra el Día del Árbol.

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https://wrm.org.uy/es/listado-por-temas/resistencia-local-y-global/dia-internacional-de-lucha-contra-los-monocultivos-de-arboles/


UN NUEVO MODELO FORESTAL, DE BOSQUES Y PLANTACIONES QUE CONTRIBUYA A LA SEGURIDAD NACIONAL

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Archivo AIFBN

Luis Astorga, Director Honorario AIFBN. Septiembre 2018

La gran publicidad que se ha dado al proyecto MAPA -ampliación de la planta de celulosa de Arauco- confirma los planteamientos de la Agrupación de Ingenieros Forestales por el Bosque Nativo (AIFBN) de avanzar en la propuesta de un nuevo Modelo Forestal para Chile, sobre la cual se ha estado trabajando desde fines del siglo pasado.

A comienzos del nuevo milenio, el PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo) elaboró el Índice de Desarrollo Humano -ingreso, educación y salud- para todas las comunas de Chile. En aquella época nuestra lucha como Agrupación se orientaba principalmente a evitar que los bosques nativos se transformaran en plantaciones de pinos y eucaliptos. Pero el Índice mencionado, mostró que las comunas con extensas plantaciones en las regiones de Maule, Bío-Bío y Araucanía, tenían los valores más bajos del país. Situación que se corrobora con la encuesta CASEN de 2015, donde se  confirmó que en esas regiones se habían mantenido los ingresos más bajos de Chile, a pesar de la inmensa riqueza que se había creado con las plantaciones forestales. Coincidentemente con esa situación de pobreza, en la década de los años 90 las comunidades campesinas e indígenas manifestaban un fuerte rechazo a las plantaciones forestales. Se reclamaba en contra de sus impactos negativos en la provisión de agua, biodiversidad, efecto en el paisaje de las grandes talas rasas, uso de agroquímicos, peligro de incendios forestales, cierre de escuelas y emigración obligada a los pueblos.

Mientras tanto, el bosque nativo continuaba su proceso destructivo y de paulatina degradación – a menor escala es efectivo – pero desapareciendo poco a poco. Los Parques Nacionales y Reservas del Estado (SNASPE) se libraban de ello gracias a la excelente labor de CONAF.

El modelo forestal basado en las plantaciones – iniciado en 1974 en la dictadura y  logrado grandes éxitos macroeconómicos en producción de celulosa y exportaciones – no había sido capaz de tener impacto positivo en la calidad de vida de las comunidades locales. Todo lo contrario. Se modificó la estructura rural de las regiones mencionadas, obligando a muchos pequeños agricultores a emigrar a los pueblos. La gran riqueza de las plantaciones tuvo escaso impacto en la mejoría de ingresos de las comunidades locales. Solo enriqueció a las grandes empresas.

Este análisis  nos abrió el espacio para plantear la necesidad de un nuevo modelo forestal,  cuyos ejes esenciales publicamos en un libro en 2010 (adjunto). La propuesta tuvo escasa acogida aquellos años, porque se suponía que la Certificación FSC podía resolver los impactos ambientales y sociales negativos de las plantaciones. A su vez, los medios de comunicación y las grandes empresas se encargaron de insistir en el éxito del modelo forestal.

Sin embargo, la agudización del problema de escasez de agua, que obligó a las municipalidades de las zonas de plantaciones a gastar miles de millones de pesos en la distribución de agua a la población rural, el recrudecimiento del conflicto generado por la instalación de grandes empresas forestales en la Araucanía y  últimamente, los inmensos y devastadores incendios forestales del verano pasado, nos demostraron la vigencia y necesidad de un Nuevo Modelo Forestal. Estos problemas trascienden lo económico, ambiental o técnico transformándose en un problema de Seguridad Nacional por la urgencia de resolver amenazas a la población por falta de agua, de seguridad alimentaria, de atropello a la cultura indígena, y su lucha por la tierra, y de proteger las comunidades rurales de los incendios forestales.

Ante este escenario, la AIFBN ha reunido a un grupo de 26 profesionales de diversas especialidades, quienes a partir de noviembre del año 2017 estamos trabajando en 14 temas para dar forma a la propuesta del Nuevo Modelo Forestal. Los aspectos esenciales de ella no desconocen los avances en los documentos de política forestal y plantaciones del Consejo de Política Forestal porque hemos participado en ellos. Pero es un paso adelante y se fundamenta en el hecho que el mercado, cuyo rol no se desconoce,  no ha tenido ni tiene la capacidad de generar ajustes en un sector como el forestal en que las decisiones se toman a mediano y largo plazo afectando el medioambiente y la vida de las futuras generaciones. Las dos “leyes” forestales más importantes en el sector han sido “decretos leyes” promulgados por dictaduras, primero en 1931 durante la dictadura de Ibáñez y luego en 1974, por Pinochet. El proyecto de ley forestal que presentó el gobierno de Frei Montalva (1966) duerme en el Congreso y la actual ley de Bosque Nativo demoró 16 años en ser promulgada y tuvo tantos cambios que no se han dado los resultados esperados. En general, la clase política chilena solo piensa en períodos cortos, en la próxima elección.

Un nuevo modelo forestal exige que el Estado chileno (ejecutivo, legislativo y judicial) se involucre a fondo en decisiones de corto y largo plazo que afectan a chilenas y chilenos.

La propuesta está en proceso y esperamos entregarla al país en el primer semestre de 2019.

Luis Astorga Schneider, Director Honorario, AIFBN


PARQUES NACIONALES: “miremos hacia el centro-norte”

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Parque Nacional Lauca

El 24 de agosto de cada año se conmemora el Día Internacional de los Parques Nacionales o Naturales. Este día se crea con el objetivo de enseñar y concientizar a la sociedad sobre la importancia de conservar la naturaleza para así evitar su desaparición. En este contexto, cuando hablamos de naturaleza, podemos decir que Chile es un país privilegiado en lo que puede ofrecer. A nivel internacional, Chile es reconocido por su exuberante riqueza en biodiversidad, la que se encuentra distribuida en una gran variedad de ambientes a lo largo del territorio nacional. Además de presentar gran presencia de especies endémicas (es decir, solo están en Chile), muchos de estos ambientes tienen dinámicas naturales únicas en el mundo, las que se han mantenido por siglos a pesar de la intervención humana. Con la incorporación de los parques nacionales Pumalín Douglas Tompkins y Melimoyu, el Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del Estado (SNASPE) cuenta con más de 15 millones de hectáreas, lo que equivale al 20% de la superficie continental del territorio nacional.

A pesar de lo impresionante que puedan parecer estas cifras, la realidad es que Chile aún está en deuda con la conservación de sus ecosistemas, en especial en la zona centro y zona norte del país. Actualmente, hay más de 4 millones de hectáreas de bosques y formaciones xerofíticas catalogadas en las categorías “en peligro” y en “peligro crítico”, las que además cuentan con un bajo grado de protección. Dentro de estos ecosistemas mediterráneos y áridos amenazados, destaca el bosque y matorral esclerófilo. A nivel mundial, el bosque y matorral esclerófilo es catalogado como un hotspots, es decir, una de las zonas del planeta donde un ecosistema concentra una alta biodiversidad y endemismo. En zonas mediterráneas y áridas, los bosques y formaciones xerofíticas son responsables de proveer valiosos servicios ecosistémicos, como la provisión de agua, captura de dióxido de carbono (CO2), mitigación de la contaminación, protección de suelos, biodiversidad, alimento, medicina, valor cultural y belleza escénica, entre otros. Además, estos ecosistemas juegan un rol fundamental frente a escenarios complejos que amenazan nuestra seguridad y bienestar, como lo son el cambio climático y la desertificación.

En los últimos años, la devastación de ecosistemas mediterráneos y áridos de Chile se ha intensificado producto de incendios forestales y la falta de regulación en el uso del suelo, donde se ha reemplazado bosque y formaciones xerofíticas por plantaciones agrícolas, plantaciones forestales, terrenos para la ganadería, proyectos inmobiliarios, proyectos hidroeléctricos, proyectos fotovoltaicos, proyectos mineros y otros proyectos que se ingresan al cuestionado Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA). Esta lamentable situación es el resultado de la frágil y permisiva institucionalidad ambiental del país, como también de la ausencia instrumentos que incentiven al manejo de estos ecosistemas, limitando su recuperación, aumentando su degradación y afectando la entrega de servicios ecosistémicos que favorecen a la población.

En este contexto, es urgente aumentar la representación de ecosistemas mediterráneos y áridos en el SNASPE, incrementando su protección para reducir el grado de amenaza. Por otro lado, es estrictamente necesario fortalecer al SNASPE, donde se debe exigir al Estado que los presupuestos otorgados para realizar labores de conservación estén en similitud con los de otros países de la OCDE. También es importante que el Estado proporcione instrumentos de carácter descentralizado que permitan enfrentar la fragmentación de estos ecosistemas y que incentiven al manejo restaurativo, para así reducir su degradación, mejorar su conectividad y fomentar su recuperación. Finalmente, para que la conservación de estos ecosistemas sea efectiva, la aislación con respecto al territorio no se debe considerar como alternativa, pues eso genera rechazo y sólo termina acrecentando conflictos sectoriales. La integración de comunidades es fundamental para el éxito de nuevos proyectos de conservación, donde su participación puede ser vital no sólo en la protección de ecosistemas, sino que también en la implementación de acciones frente a escenarios complejos e inciertos como el cambio climático y la desertificación.

Pablo Parra Soto

Ing.Forestal U. de Chile

Coordinador Agrupación de Ingenieros Forestales por el Bosque Nativo (AIFBN)


EN EL DÍA DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS

Luis Astorga S., Director Honorario, Agrupación de Ingenieros Forestales por el Bosque Nativo, AIFBN.

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El solo cumplimiento de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los Pueblos Indígenas y el Principio 3 del sello FSC (Forest Stewardship Council) pueden resolver el conflicto generado por las grandes empresas forestales y el pueblo mapuche.

El Estado de Chile ha desconocido no solo compromisos adquiridos en diversos acuerdos históricos con el pueblo mapuche, sino que no ha otorgado una cabal y justa interpretación a la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los Pueblos Indígenas. En lo medular, no se cumple con los artículos 3 y 4 que se refieren al derecho a la libre determinación de su condición política y derecho a la autonomía o autogobierno. La sola voluntad política del Estado de Chile para cumplir con lo anterior implicaría el comienzo para que muchos líderes mapuche y el Senador Huenchumilla se sienten en una mesa a discutir una salida política al conflicto.

Esta situación ambigua y las políticas de la dictadura abrieron la puerta para que varias empresas forestales, grandes y medianas, hayan adquirido tierras ampliando fuertemente su patrimonio en territorios que no hace muchas décadas pertenecían a familias mapuche, especialmente al sur de la Región del Biobío y de la Araucanía. En ellas desarrollaron vastas áreas de monocultivos de Pino y Eucalipto, arrinconando a las familias, eliminando áreas de cultivo, sitios religiosos y culturales, lugares de colecta de plantas medicinales, etc., afectando la economía y vida espiritual del pueblo mapuche. Como lo menciona el historiador mapuche Fernando Pairican en su libro “Malón, la Rebelión del Movimiento Mapuche, 1990-2013”, se había originado un proceso de destrucción de la esencia del ser mapuche. “esta nueva generación observaba que el país mapuche de sus bisabuelos estaba en peligro de extinción ante los proyectos modernizadores neoliberales como lo eran las forestales e hidroeléctricas” (pág. 21).

Con el fracaso de varias iniciativas en los gobiernos de la Concertación, partiendo por el Acuerdo de Nueva Imperial en 1989 (Gobierno de Aylwin), muchos jóvenes mapuche inician acciones violentas, principalmente en contra del patrimonio de empresas forestales, lo que genera un escalamiento del conflicto. Sin analizar alternativas políticas, se responde con mas represión, conflicto que se mantiene hasta la actualidad.

El que las empresas forestales contaran con el sello de la Certificación FSC, que respalda el buen desempeño de estas empresas en lo ambiental, social y económico, les mejoró las opciones de llegada a los mercados internacionales y generó alternativas de diálogo frente al conflicto chileno-mapuche, pero el problema era más profundo; fuera de acuerdos puntuales, no se ha avanzado en su resolución. En este caso, el FSC debería haberse retirado del territorio en conflicto porque en las condiciones actuales es imposible cumplir con el Principio 3 de sus estándares que dice: “La Empresa (que quiere certificar FSC) deberá identificar y respaldar los derechos legales y consuetudinarios de los pueblos indígenas, en relación con la propiedad, uso y manejo de la tierra, territorios y recursos, que resulten afectados por las actividades de manejo”. La Agrupación de Ingenieros Forestales por el Bosque Nativo (AIFBN) solicitó un informe al respecto, pero hubo indiferencia ante esta situación de conflicto. Incluso, se continuó certificando o recertificando bajo el sello FSC. Esta es una de las causas por las que la AIFBN se retirara como miembro activo de este sistema de Certificación.

 


Parques Nacionales en la mira

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Publicado en El Ciudadano

 

CONAF

El anunciado traspaso de las Áreas Silvestres Protegidas del Estado (SNASPE) al Ministerio del Medio Ambiente tiene implicancias más profundas que un mero cambio de radicación administrativa. Lo que está en la mira gubernamental es la privatización de las funciones del Estado en la gestión del SNASPE. Un análisis somero del proyecto de ley que crea el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas en ese Ministerio, demuestra que en 15 de sus artículos el único objetivo es promover las concesiones de parques nacionales a privados, siendo uno de los aspectos más desarrollados de este controvertido proyecto de ley.Bos

La vigencia del compromiso con ese objetivo ha quedado de manifiesto con la reciente concesión territorial de Parque Nacional Radal 7 Tazas en la Región del Maule. Es la primera vez que el Ministerio de Bienes Nacionales gestiona una concesión en un área del SNASPE, basándose en las potestades que le otorga la Ley de Turismo del año 2010 y es la primera vez que en un Parque Nacional se concesiona TERRITORIO propiamente tal, que incluye recursos naturales prioritarios de conservación como bosques, poblaciones de fauna nativa y cuerpos de agua, y por períodos de tiempo que van de los 10 a los 25 años. Hasta ahora, en virtud de la Ley de Bosques del año 1925, CONAF sólo había concesionado servicios tales como alojamiento, alimentación, transporte o actividades deportivas al aire libre, sin comprometer territorio de parques nacionales, salvo superficies muy acotadas directamente relacionadas con el servicio concesionado y que no contenían valores significativos de conservación.

Chile ocupa uno de los últimos lugares de Latinoamérica en presupuesto público destinado a la gestión de parques nacionales, con apenas 1 US$ por hectárea de territorio protegido, y aun así CONAF ha realizado una labor que es reconocida a nivel internacional. Sólo como ejemplo, citamos el caso del Servicio de Parques de Canadá que logra un autofinanciamiento del orden del 18%. En Chile CONAF consigue un 45% de autofinanciamiento en la operación de los parques nacionales del país. Al parecer, esto no es relevante para el nuevo Director Ejecutivo de CONAF quien ha comenzado su mandato con declaraciones que ponen el énfasis en supuestos malos manejos financieros y administrativos. Los chilenos ya sabemos que la mejor estrategia para privatizar un servicio del Estado es desprestigiándolo, estrangularlo hasta que su desempeño e imagen pública sea tan mediocre que la ciudadanía termine pidiendo a gritos su privatización. Pero, ¿Cuán beneficiada termina siendo la ciudadanía con la privatización de las funciones del Estado?  Una pregunta que a estas alturas es mejor responderla con ejemplos más que con argumentos.

¡CHILENAS Y CHILENOS DEFENDAMOS NUESTROS PARQUES NACIONALES!

Directorio AIFBN.

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La conservación de los ecosistemas y su desvinculación de su entorno

Jennifer Romero, Directora Ejecutiva AIFBN

El mostrador

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Esta semana hemos tenido conocimiento de un acuerdo entre ministerios para traspasar la tutela de las Áreas Silvestres Protegidas del Estado al Ministerio de Medio Ambiente. Actualmente estas áreas se encuentran bajo el cuidado de CONAF, que pertenece al Ministerio de Agricultura, y serían ambos Ministerios los que han llegado a este compromiso.

¿Cuál es el trasfondo de esto? Es malentender lo que significa conservar los ecosistemas. Gran parte de las áreas silvestres actualmente protegidas corresponden a bosques naturales. Que sean áreas protegidas significa que sólo pueden intervenirse en muy baja medida y bajo estrictos resguardos ambientales. Se protegen porque se les considera de un alto e irremplazable valor ambiental o social. Estas áreas limitan con zonas no protegidas, que muchas veces también corresponden a bosques, que se utilizan con fines productivos, de recreación u otros. Ambas conviven en un mismo paisaje y son parte de un mismo ecosistema. De la co-existencia de ambas áreas resulta y depende la generación de agua, el estado de los suelos, la generación de oxígeno, la flora, la fauna y las actividades productivas. A ellas se suma en el mismo paisaje las plantaciones forestales, la agricultura y la ganadería.

Conservar significa, entonces, administrar responsablemente todos los recursos naturales para asegurar su existencia en buena salud: árboles vigorosos, de especies variadas, agua limpia y abundante, oxígeno, suelos limpios y fértiles, fauna diversa, saludable y en número suficiente que permita su existencia en el muy largo plazo, etc. Significa también, y como consecuencia, asegurar la vida de las personas, contar con opciones de uso de suelo que permitan asegurar la economía y la cultura. Significa, en resumen, utilizar de manera responsable.

Llevar la gestión de Áreas Protegidas a otro ministerio es un mensaje claro: se pretende resguardar una pequeña porción del territorio y declarar que las zonas no protegidas son estrictamente productivas, y en ellas no cuenta la conservación. Se pierde la mirada integral del paisaje; se omite la combinación de usos del suelo para definir un paisaje completo, sustentable. Se pretende disociar la decisión de la administración de un territorio entre su preservación (no tocar) o utilizarlo como zona de sacrificio. Se deja de lado la posibilidad de combinar opciones posibles de uso bajo una misma gestión. Se abandona, entonces, la posibilidad de conservación del paisaje como el sistema diverso y complejo que es, y se lo deja como el resultado no planificado de una suma de decisiones aisladas, no coordinadas y con objetivos discordantes.


¡NO NOS OLVIDEMOS DE LOS GIGANTES! ÁRBOLES MONUMENTALES Y PATRIMONIO NATURAL DE CHILE

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Por:Alvaro G. Gutiérrez.

Ing. Forestal, Dr. Académico del Departamento de Ciencias Ambientales y Recursos Naturales Universidad de Chile y socio de AIFBN

La suerte de Chile es contar con un patrimonio natural rico en recursos naturales. La mala suerte es que esta riqueza implicó la inminente destrucción y degradación del patrimonio natural con el contábamos. El rápido avance de la frontera de desarrollo producto del aumento incesante de la población humana, la globalización y el efecto del cambio climático, plantean un desafío para la conservación del patrimonio natural. La degradación de los bosques por cortas indiscriminadas, el reemplazo de bosques antiguos por bosques jóvenes, la sustitución de bosques por cultivos agrícolas, la contaminación y degradación de suelos, la invasión de especies exóticas, son problemáticas actuales y que aun no se detienen. A esto se suma el deterioro de los bosques producto de sequías extremas que han causado incendios de grandes extensiones y desecamiento de árboles.

 En este contexto, en los bosques remanentes aun encontramos árboles singulares que por su tamaño y/o longevidad representan un patrimonio natural aun no reconocido en Chile. Estos árboles son el legado de un pasado remoto, en algunos casos representando la historia natural de uno o varios milenios. Es indudable la fascinación que despierta mirar y abrazar a un árbol gigante. Estos árboles nos recuerdan de la pequeñez del ser humano y la magnificencia de la naturaleza. Para muchas personas, es más fácil entender la relevancia de los bosques y los tiempos necesarios para su desarrollo, al observar estos árboles directamente en su ambiente natural. En esta columna quisiera poner en relevancia que, en Chile, estos árboles debieran ser considerados monumentos naturales por sus habilidades de supervivencia extraordinarias, historia natural y cultural. Dado el rápido avance de la degradación de bosques en Chile, el Estado debiera avanzar en desarrollar políticas que preserven los árboles monumentales debido a la escasa protección con la que cuentan.

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En Chile ya se han declarado, por ley, especies como monumentos naturales. Tal es el caso de la araucaria, el alerce, los bellotos, entre otros. Sin embargo, se debiera expandir el enfoque de preservación, adicionando el concepto de individuos (o genes) prioritarios. Esta idea no es nueva en el mundo, ya que existen múltiples ejemplos de árboles preservados en otros países. Además, la preservación de los tres niveles de organización de la biodiversidad (es decir, genes, especies, ecosistemas) ha sido internacionalmente reconocida. De hecho los árboles monumentales son indicadores de bosques antiguos en buen estado de conservación, por lo que su protección generaría un efecto paragua para la conservación de otras especies y los ecosistemas que los sostienen.

En los bosques de Chile se encuentran árboles que están dentro de los más masivos, longevos y grandes del mundo. El coigue es la especie con los árboles más altos y gruesos encontrados en Chile que no cuentan con ningún tipo de protección cuando se encuentran fuera de áreas silvestres protegidas. Otras especies de árboles monumentales no protegidas son el roble y el raulí, ambos fuertemente explotados por su valiosa madera.

Los árboles monumentales potencian la fascinación natural, son rarezas del mundo natural, proveen múltiples servicios ecosistémicos, permiten el estudio de adaptaciones de los seres vivos, representan un patrimonio biocultural para el país, y han sido fuertemente explotados. Por ejemplo, el árbol talado más grueso del que se tiene registro es un alerce de 430 cm de diámetro que fue cortado en la década del 1940. El árbol más longevo que conocemos en Sudamérica, era un alerce que tenía 3622 años al momento de su corta. Hace alrededor de diez años se cortó un ciprés de las guaitecas de 890 años, el más longevo de su especie encontrado en el país. Evitar que los árboles monumentales se sigan talando depende de avanzar en la legislación de conservación del patrimonio natural en Chile. El Laboratorio Bosque Ciencia de la Universidad de Chile (www.bosqueciencia.org) ha catalogado 44 arboles monumentales que pueden ser preservados. Algunos de ellos se encuentran dentro de áreas silvestres protegidas, pero sin lugar a dudas, existen otros que no han sido documentados y otros que no cuentan con ninguna figura de protección.

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La política de preservación del patrimonio natural de Chile debe avanzar en una legislación que brinde instrumentos a la sociedad para proteger y sancionar la corta de arboles monumentales, en particular de aquellos que se encuentran fuera de las áreas silvestres protegidas. Un primer paso es definir los criterios básicos para identificar arboles monumentales para cada especie arbórea del país. Esto se puede realizar convocando a un comité consultivo de expertos que definan tales criterios y decidan sobre los árboles que debieran ser categorizados como árboles monumentales. Un segundo paso es la elaboración de un catastro a escala nacional de árboles monumentales para todas las especies arbóreas del país, de manera que sirva como base para monitorear, periódicamente, el estado sanitario de los arboles. Un tercer paso, es manejar el bosque cuando sea necesario por su estado de degradación, y proteger el paisaje en el cual se desarrollan los árboles monumentales. Por ejemplo, en lugares donde se han identificado y localizado arboles monumentales se puede promover e implementar el desarrollo ecoturístico y de educación ambiental para su apreciación. La política de preservación debe contar con incentivos económicos para la conservación de los árboles monumentales, la conservación del bosque alrededor de ellos, la educación ambiental y el desarrollo ecoturístico de las comunidades aledañas. Finalmente, pero no menos importante, es incluir en la política procedimientos de control de incendios forestales que prioricen zonas donde se encuentran los árboles monumentales del país.

Chile tiene una deuda con su patrimonio natural, y la pérdida de árboles monumentales es un ejemplo de ella. La continua destrucción y degradación de los bosques nativos del país pone en riesgo la persistencia de los árboles monumentales debido a la corta de estos ejemplares o cambios inducidos por el hombre en los bosques que los sostienen. Aún estamos a tiempo de proteger estos monumentos naturales. Para esto debemos avanzar en una política que integre a los árboles monumentales, los cuales son un patrimonio natural que debe ser protegido en el país para que las próximas generaciones tengan la experiencia de la fascinación que despierta mirar y abrazar a un árbol gigante y milenario.


Calefacción a leña

 

alfredo-erwein-instituto-de-ingenieria-agraria-y-suelos-768x1151En su carta de ayer 31 de enero, Angel Carabias, Gerente de Asuntos Públicos de Abastible, afirma que el gas licuado es un “combustible limpio que genera bajísimas emisiones a la atmósfera”. No obstante, de acuerdo al Panel Intergubernamental de Cambio Climático de Naciones Unidas (IPCC), la emisión de gases de efecto invernadero de la combustión de Gas Licuado supera en más de 20 veces a la emisión respectiva de biomasa. Ello reviste gran relevancia, pues como bien lo plantea su editorial de hoy, el país está haciendo grandes esfuerzos por disminuir el uso de combustibles fósiles.
Surtir a las ciudades con energía fósil importada y centralizada, en circunstancias en que el recurso térmico renovable abunda en la Región y genera trabajo a diversas PYMES, pareciera ser un retroceso en materia energética. La biomasa ha sido una importante opción en países como Alemania o Escandinavia.
Sin embargo, la información ambiental que entrega respecto a la contaminación y sus perjuicios en la salud de las personas es relevante y debe ser considerada para una mejora decisiva en los estándares del mercado de leña, partiendo por regular los contenidos de humedad y los métodos de extracción y combustión, como mínimo. Independiente de la validez de las razones esgrimidas, me pregunto hasta donde es legítima la evaluación técnica que hace el señor Carabias. Por una parte, Abastible tiene por competencia la gestión y comercio de gas licuado. Por otra parte, la visión de dicha empresa estará necesariamente sesgada, dado su vínculo lucrativo con una eventual implementación de esta fuente energética. Una defensa seria de la opción en el sur por el gas licuado, debe provenir de un sector o actor independiente y con competencia
técnica en las mencionadas temáticas.
Alfredo Erlwein V.

También la pueden leer en el siguiente link: http://www.australvaldivia.cl/impresa/2018/02/04/full/cuerpo-principal/11/

Columna de opinión de Ángel Carabias: http://www.australvaldivia.cl/impresa/2018/01/31/full/cuerpo-principal/9/


Incendios forestales y un Modelo Forestal agotado

Escrito por Jennifer Romero,  Directora Ejecutiva de AIFBN y editora Revista Bosque Nativo

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Recientemente se lanzó el Protocolo de Plantaciones Forestales, que corresponde a un documento consensuado por el Consejo de Política Forestal. Este protocolo contó con la opinión de expertos, y  contiene procedimientos para suelos y aguas, incendios, funcionalidad ecológica y asociatividad. El contar con una pauta para un mejor manejo de las plantaciones es muy relevante dado que existen en Chile alrededor de 2,5 millones de hectáreas, que generan 420.000 empleos directos e indirectos y proveen el 99% de la madera que se procesa en la industria nacional. Este Protocolo constituye un avance, aunque su puesta en práctica es voluntaria, por lo que deja muchas dudas sobre su real aplicación.

No nos olvidemos de los bosques nativos. Muchos de ellos, en particular los que no están en áreas protegidas, se encuentran en distintos estados de degradación. Una importante cantidad de hectáreas fueron afectadas el verano pasado por la acción del fuego y, lo que es más importante, es que muchos bosques muy frágiles y cruciales para la vida en condiciones de relativa aridez fueron afectados. Especies como el ruil se vieron fuertemente dañadas. El ruil es una especie endémica de Chile, que se encuentra en sólo 3 comunas del país (cerca del poblado de Santa Olga, que, como sabemos, desapareció casi completamente devastado por el fuego), y que se encuentra en serio peligro de extinción. Esta especie, y otras de los bosques nativos sustentan una gran variedad de flora y fauna, y representan un factor clave para asegurar la provisión de agua por su capacidad de percolar lentamente la lluvia y actuar como un filtro para que el agua llegue limpia y en forma “dosificada” a los ríos y otros caudales superficiales, y se acumule también como agua subterránea. La herramienta que regula y fomenta la forestación y buen manejo de los bosques nativos es la Ley homónima (Ley 20.283 o “Ley de Bosque Nativo”), que hasta ahora ha mostrado muy poca efectividad y presenta importantes restricciones para su implementación.

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