EN EL DÍA DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS

Luis Astorga S., Director Honorario, Agrupación de Ingenieros Forestales por el Bosque Nativo, AIFBN.

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El solo cumplimiento de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los Pueblos Indígenas y el Principio 3 del sello FSC (Forest Stewardship Council) pueden resolver el conflicto generado por las grandes empresas forestales y el pueblo mapuche.

El Estado de Chile ha desconocido no solo compromisos adquiridos en diversos acuerdos históricos con el pueblo mapuche, sino que no ha otorgado una cabal y justa interpretación a la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los Pueblos Indígenas. En lo medular, no se cumple con los artículos 3 y 4 que se refieren al derecho a la libre determinación de su condición política y derecho a la autonomía o autogobierno. La sola voluntad política del Estado de Chile para cumplir con lo anterior implicaría el comienzo para que muchos líderes mapuche y el Senador Huenchumilla se sienten en una mesa a discutir una salida política al conflicto.

Esta situación ambigua y las políticas de la dictadura abrieron la puerta para que varias empresas forestales, grandes y medianas, hayan adquirido tierras ampliando fuertemente su patrimonio en territorios que no hace muchas décadas pertenecían a familias mapuche, especialmente al sur de la Región del Biobío y de la Araucanía. En ellas desarrollaron vastas áreas de monocultivos de Pino y Eucalipto, arrinconando a las familias, eliminando áreas de cultivo, sitios religiosos y culturales, lugares de colecta de plantas medicinales, etc., afectando la economía y vida espiritual del pueblo mapuche. Como lo menciona el historiador mapuche Fernando Pairican en su libro “Malón, la Rebelión del Movimiento Mapuche, 1990-2013”, se había originado un proceso de destrucción de la esencia del ser mapuche. “esta nueva generación observaba que el país mapuche de sus bisabuelos estaba en peligro de extinción ante los proyectos modernizadores neoliberales como lo eran las forestales e hidroeléctricas” (pág. 21).

Con el fracaso de varias iniciativas en los gobiernos de la Concertación, partiendo por el Acuerdo de Nueva Imperial en 1989 (Gobierno de Aylwin), muchos jóvenes mapuche inician acciones violentas, principalmente en contra del patrimonio de empresas forestales, lo que genera un escalamiento del conflicto. Sin analizar alternativas políticas, se responde con mas represión, conflicto que se mantiene hasta la actualidad.

El que las empresas forestales contaran con el sello de la Certificación FSC, que respalda el buen desempeño de estas empresas en lo ambiental, social y económico, les mejoró las opciones de llegada a los mercados internacionales y generó alternativas de diálogo frente al conflicto chileno-mapuche, pero el problema era más profundo; fuera de acuerdos puntuales, no se ha avanzado en su resolución. En este caso, el FSC debería haberse retirado del territorio en conflicto porque en las condiciones actuales es imposible cumplir con el Principio 3 de sus estándares que dice: “La Empresa (que quiere certificar FSC) deberá identificar y respaldar los derechos legales y consuetudinarios de los pueblos indígenas, en relación con la propiedad, uso y manejo de la tierra, territorios y recursos, que resulten afectados por las actividades de manejo”. La Agrupación de Ingenieros Forestales por el Bosque Nativo (AIFBN) solicitó un informe al respecto, pero hubo indiferencia ante esta situación de conflicto. Incluso, se continuó certificando o recertificando bajo el sello FSC. Esta es una de las causas por las que la AIFBN se retirara como miembro activo de este sistema de Certificación.

 


Parques Nacionales en la mira

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Publicado en El Ciudadano

 

CONAF

El anunciado traspaso de las Áreas Silvestres Protegidas del Estado (SNASPE) al Ministerio del Medio Ambiente tiene implicancias más profundas que un mero cambio de radicación administrativa. Lo que está en la mira gubernamental es la privatización de las funciones del Estado en la gestión del SNASPE. Un análisis somero del proyecto de ley que crea el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas en ese Ministerio, demuestra que en 15 de sus artículos el único objetivo es promover las concesiones de parques nacionales a privados, siendo uno de los aspectos más desarrollados de este controvertido proyecto de ley.Bos

La vigencia del compromiso con ese objetivo ha quedado de manifiesto con la reciente concesión territorial de Parque Nacional Radal 7 Tazas en la Región del Maule. Es la primera vez que el Ministerio de Bienes Nacionales gestiona una concesión en un área del SNASPE, basándose en las potestades que le otorga la Ley de Turismo del año 2010 y es la primera vez que en un Parque Nacional se concesiona TERRITORIO propiamente tal, que incluye recursos naturales prioritarios de conservación como bosques, poblaciones de fauna nativa y cuerpos de agua, y por períodos de tiempo que van de los 10 a los 25 años. Hasta ahora, en virtud de la Ley de Bosques del año 1925, CONAF sólo había concesionado servicios tales como alojamiento, alimentación, transporte o actividades deportivas al aire libre, sin comprometer territorio de parques nacionales, salvo superficies muy acotadas directamente relacionadas con el servicio concesionado y que no contenían valores significativos de conservación.

Chile ocupa uno de los últimos lugares de Latinoamérica en presupuesto público destinado a la gestión de parques nacionales, con apenas 1 US$ por hectárea de territorio protegido, y aun así CONAF ha realizado una labor que es reconocida a nivel internacional. Sólo como ejemplo, citamos el caso del Servicio de Parques de Canadá que logra un autofinanciamiento del orden del 18%. En Chile CONAF consigue un 45% de autofinanciamiento en la operación de los parques nacionales del país. Al parecer, esto no es relevante para el nuevo Director Ejecutivo de CONAF quien ha comenzado su mandato con declaraciones que ponen el énfasis en supuestos malos manejos financieros y administrativos. Los chilenos ya sabemos que la mejor estrategia para privatizar un servicio del Estado es desprestigiándolo, estrangularlo hasta que su desempeño e imagen pública sea tan mediocre que la ciudadanía termine pidiendo a gritos su privatización. Pero, ¿Cuán beneficiada termina siendo la ciudadanía con la privatización de las funciones del Estado?  Una pregunta que a estas alturas es mejor responderla con ejemplos más que con argumentos.

¡CHILENAS Y CHILENOS DEFENDAMOS NUESTROS PARQUES NACIONALES!

Directorio AIFBN.

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La conservación de los ecosistemas y su desvinculación de su entorno

Jennifer Romero, Directora Ejecutiva AIFBN

El mostrador

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Esta semana hemos tenido conocimiento de un acuerdo entre ministerios para traspasar la tutela de las Áreas Silvestres Protegidas del Estado al Ministerio de Medio Ambiente. Actualmente estas áreas se encuentran bajo el cuidado de CONAF, que pertenece al Ministerio de Agricultura, y serían ambos Ministerios los que han llegado a este compromiso.

¿Cuál es el trasfondo de esto? Es malentender lo que significa conservar los ecosistemas. Gran parte de las áreas silvestres actualmente protegidas corresponden a bosques naturales. Que sean áreas protegidas significa que sólo pueden intervenirse en muy baja medida y bajo estrictos resguardos ambientales. Se protegen porque se les considera de un alto e irremplazable valor ambiental o social. Estas áreas limitan con zonas no protegidas, que muchas veces también corresponden a bosques, que se utilizan con fines productivos, de recreación u otros. Ambas conviven en un mismo paisaje y son parte de un mismo ecosistema. De la co-existencia de ambas áreas resulta y depende la generación de agua, el estado de los suelos, la generación de oxígeno, la flora, la fauna y las actividades productivas. A ellas se suma en el mismo paisaje las plantaciones forestales, la agricultura y la ganadería.

Conservar significa, entonces, administrar responsablemente todos los recursos naturales para asegurar su existencia en buena salud: árboles vigorosos, de especies variadas, agua limpia y abundante, oxígeno, suelos limpios y fértiles, fauna diversa, saludable y en número suficiente que permita su existencia en el muy largo plazo, etc. Significa también, y como consecuencia, asegurar la vida de las personas, contar con opciones de uso de suelo que permitan asegurar la economía y la cultura. Significa, en resumen, utilizar de manera responsable.

Llevar la gestión de Áreas Protegidas a otro ministerio es un mensaje claro: se pretende resguardar una pequeña porción del territorio y declarar que las zonas no protegidas son estrictamente productivas, y en ellas no cuenta la conservación. Se pierde la mirada integral del paisaje; se omite la combinación de usos del suelo para definir un paisaje completo, sustentable. Se pretende disociar la decisión de la administración de un territorio entre su preservación (no tocar) o utilizarlo como zona de sacrificio. Se deja de lado la posibilidad de combinar opciones posibles de uso bajo una misma gestión. Se abandona, entonces, la posibilidad de conservación del paisaje como el sistema diverso y complejo que es, y se lo deja como el resultado no planificado de una suma de decisiones aisladas, no coordinadas y con objetivos discordantes.


¡NO NOS OLVIDEMOS DE LOS GIGANTES! ÁRBOLES MONUMENTALES Y PATRIMONIO NATURAL DE CHILE

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Por:Alvaro G. Gutiérrez.

Ing. Forestal, Dr. Académico del Departamento de Ciencias Ambientales y Recursos Naturales Universidad de Chile y socio de AIFBN

La suerte de Chile es contar con un patrimonio natural rico en recursos naturales. La mala suerte es que esta riqueza implicó la inminente destrucción y degradación del patrimonio natural con el contábamos. El rápido avance de la frontera de desarrollo producto del aumento incesante de la población humana, la globalización y el efecto del cambio climático, plantean un desafío para la conservación del patrimonio natural. La degradación de los bosques por cortas indiscriminadas, el reemplazo de bosques antiguos por bosques jóvenes, la sustitución de bosques por cultivos agrícolas, la contaminación y degradación de suelos, la invasión de especies exóticas, son problemáticas actuales y que aun no se detienen. A esto se suma el deterioro de los bosques producto de sequías extremas que han causado incendios de grandes extensiones y desecamiento de árboles.

 En este contexto, en los bosques remanentes aun encontramos árboles singulares que por su tamaño y/o longevidad representan un patrimonio natural aun no reconocido en Chile. Estos árboles son el legado de un pasado remoto, en algunos casos representando la historia natural de uno o varios milenios. Es indudable la fascinación que despierta mirar y abrazar a un árbol gigante. Estos árboles nos recuerdan de la pequeñez del ser humano y la magnificencia de la naturaleza. Para muchas personas, es más fácil entender la relevancia de los bosques y los tiempos necesarios para su desarrollo, al observar estos árboles directamente en su ambiente natural. En esta columna quisiera poner en relevancia que, en Chile, estos árboles debieran ser considerados monumentos naturales por sus habilidades de supervivencia extraordinarias, historia natural y cultural. Dado el rápido avance de la degradación de bosques en Chile, el Estado debiera avanzar en desarrollar políticas que preserven los árboles monumentales debido a la escasa protección con la que cuentan.

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En Chile ya se han declarado, por ley, especies como monumentos naturales. Tal es el caso de la araucaria, el alerce, los bellotos, entre otros. Sin embargo, se debiera expandir el enfoque de preservación, adicionando el concepto de individuos (o genes) prioritarios. Esta idea no es nueva en el mundo, ya que existen múltiples ejemplos de árboles preservados en otros países. Además, la preservación de los tres niveles de organización de la biodiversidad (es decir, genes, especies, ecosistemas) ha sido internacionalmente reconocida. De hecho los árboles monumentales son indicadores de bosques antiguos en buen estado de conservación, por lo que su protección generaría un efecto paragua para la conservación de otras especies y los ecosistemas que los sostienen.

En los bosques de Chile se encuentran árboles que están dentro de los más masivos, longevos y grandes del mundo. El coigue es la especie con los árboles más altos y gruesos encontrados en Chile que no cuentan con ningún tipo de protección cuando se encuentran fuera de áreas silvestres protegidas. Otras especies de árboles monumentales no protegidas son el roble y el raulí, ambos fuertemente explotados por su valiosa madera.

Los árboles monumentales potencian la fascinación natural, son rarezas del mundo natural, proveen múltiples servicios ecosistémicos, permiten el estudio de adaptaciones de los seres vivos, representan un patrimonio biocultural para el país, y han sido fuertemente explotados. Por ejemplo, el árbol talado más grueso del que se tiene registro es un alerce de 430 cm de diámetro que fue cortado en la década del 1940. El árbol más longevo que conocemos en Sudamérica, era un alerce que tenía 3622 años al momento de su corta. Hace alrededor de diez años se cortó un ciprés de las guaitecas de 890 años, el más longevo de su especie encontrado en el país. Evitar que los árboles monumentales se sigan talando depende de avanzar en la legislación de conservación del patrimonio natural en Chile. El Laboratorio Bosque Ciencia de la Universidad de Chile (www.bosqueciencia.org) ha catalogado 44 arboles monumentales que pueden ser preservados. Algunos de ellos se encuentran dentro de áreas silvestres protegidas, pero sin lugar a dudas, existen otros que no han sido documentados y otros que no cuentan con ninguna figura de protección.

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La política de preservación del patrimonio natural de Chile debe avanzar en una legislación que brinde instrumentos a la sociedad para proteger y sancionar la corta de arboles monumentales, en particular de aquellos que se encuentran fuera de las áreas silvestres protegidas. Un primer paso es definir los criterios básicos para identificar arboles monumentales para cada especie arbórea del país. Esto se puede realizar convocando a un comité consultivo de expertos que definan tales criterios y decidan sobre los árboles que debieran ser categorizados como árboles monumentales. Un segundo paso es la elaboración de un catastro a escala nacional de árboles monumentales para todas las especies arbóreas del país, de manera que sirva como base para monitorear, periódicamente, el estado sanitario de los arboles. Un tercer paso, es manejar el bosque cuando sea necesario por su estado de degradación, y proteger el paisaje en el cual se desarrollan los árboles monumentales. Por ejemplo, en lugares donde se han identificado y localizado arboles monumentales se puede promover e implementar el desarrollo ecoturístico y de educación ambiental para su apreciación. La política de preservación debe contar con incentivos económicos para la conservación de los árboles monumentales, la conservación del bosque alrededor de ellos, la educación ambiental y el desarrollo ecoturístico de las comunidades aledañas. Finalmente, pero no menos importante, es incluir en la política procedimientos de control de incendios forestales que prioricen zonas donde se encuentran los árboles monumentales del país.

Chile tiene una deuda con su patrimonio natural, y la pérdida de árboles monumentales es un ejemplo de ella. La continua destrucción y degradación de los bosques nativos del país pone en riesgo la persistencia de los árboles monumentales debido a la corta de estos ejemplares o cambios inducidos por el hombre en los bosques que los sostienen. Aún estamos a tiempo de proteger estos monumentos naturales. Para esto debemos avanzar en una política que integre a los árboles monumentales, los cuales son un patrimonio natural que debe ser protegido en el país para que las próximas generaciones tengan la experiencia de la fascinación que despierta mirar y abrazar a un árbol gigante y milenario.


Calefacción a leña

 

alfredo-erwein-instituto-de-ingenieria-agraria-y-suelos-768x1151En su carta de ayer 31 de enero, Angel Carabias, Gerente de Asuntos Públicos de Abastible, afirma que el gas licuado es un “combustible limpio que genera bajísimas emisiones a la atmósfera”. No obstante, de acuerdo al Panel Intergubernamental de Cambio Climático de Naciones Unidas (IPCC), la emisión de gases de efecto invernadero de la combustión de Gas Licuado supera en más de 20 veces a la emisión respectiva de biomasa. Ello reviste gran relevancia, pues como bien lo plantea su editorial de hoy, el país está haciendo grandes esfuerzos por disminuir el uso de combustibles fósiles.
Surtir a las ciudades con energía fósil importada y centralizada, en circunstancias en que el recurso térmico renovable abunda en la Región y genera trabajo a diversas PYMES, pareciera ser un retroceso en materia energética. La biomasa ha sido una importante opción en países como Alemania o Escandinavia.
Sin embargo, la información ambiental que entrega respecto a la contaminación y sus perjuicios en la salud de las personas es relevante y debe ser considerada para una mejora decisiva en los estándares del mercado de leña, partiendo por regular los contenidos de humedad y los métodos de extracción y combustión, como mínimo. Independiente de la validez de las razones esgrimidas, me pregunto hasta donde es legítima la evaluación técnica que hace el señor Carabias. Por una parte, Abastible tiene por competencia la gestión y comercio de gas licuado. Por otra parte, la visión de dicha empresa estará necesariamente sesgada, dado su vínculo lucrativo con una eventual implementación de esta fuente energética. Una defensa seria de la opción en el sur por el gas licuado, debe provenir de un sector o actor independiente y con competencia
técnica en las mencionadas temáticas.
Alfredo Erlwein V.

También la pueden leer en el siguiente link: http://www.australvaldivia.cl/impresa/2018/02/04/full/cuerpo-principal/11/

Columna de opinión de Ángel Carabias: http://www.australvaldivia.cl/impresa/2018/01/31/full/cuerpo-principal/9/


Incendios forestales y un Modelo Forestal agotado

Escrito por Jennifer Romero,  Directora Ejecutiva de AIFBN y editora Revista Bosque Nativo

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Recientemente se lanzó el Protocolo de Plantaciones Forestales, que corresponde a un documento consensuado por el Consejo de Política Forestal. Este protocolo contó con la opinión de expertos, y  contiene procedimientos para suelos y aguas, incendios, funcionalidad ecológica y asociatividad. El contar con una pauta para un mejor manejo de las plantaciones es muy relevante dado que existen en Chile alrededor de 2,5 millones de hectáreas, que generan 420.000 empleos directos e indirectos y proveen el 99% de la madera que se procesa en la industria nacional. Este Protocolo constituye un avance, aunque su puesta en práctica es voluntaria, por lo que deja muchas dudas sobre su real aplicación.

No nos olvidemos de los bosques nativos. Muchos de ellos, en particular los que no están en áreas protegidas, se encuentran en distintos estados de degradación. Una importante cantidad de hectáreas fueron afectadas el verano pasado por la acción del fuego y, lo que es más importante, es que muchos bosques muy frágiles y cruciales para la vida en condiciones de relativa aridez fueron afectados. Especies como el ruil se vieron fuertemente dañadas. El ruil es una especie endémica de Chile, que se encuentra en sólo 3 comunas del país (cerca del poblado de Santa Olga, que, como sabemos, desapareció casi completamente devastado por el fuego), y que se encuentra en serio peligro de extinción. Esta especie, y otras de los bosques nativos sustentan una gran variedad de flora y fauna, y representan un factor clave para asegurar la provisión de agua por su capacidad de percolar lentamente la lluvia y actuar como un filtro para que el agua llegue limpia y en forma “dosificada” a los ríos y otros caudales superficiales, y se acumule también como agua subterránea. La herramienta que regula y fomenta la forestación y buen manejo de los bosques nativos es la Ley homónima (Ley 20.283 o “Ley de Bosque Nativo”), que hasta ahora ha mostrado muy poca efectividad y presenta importantes restricciones para su implementación.

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Ley de bosque nativo: desafíos socioculturales para su implementación

dsc_3769-copiaRené Reyes, Ingeniero Forestal (Ph.D.)

La Ley de Bosque Nativo (Ley N° 20.283) se promulgó en 2008 con la intención de promover la recuperación y el manejo sustentable del bosque nativo. Sin embargo, durante sus primeros años de aplicación ha sido poco eficaz en cumplir dichos objetivos. Entender las causas de esta situación requiere de un análisis amplio, que aborde aspectos propios de la ley como también del contexto en el cual ésta se implementa. Cruz et al. (2013) y De la Fuente et al. (2014) identificaron elementos propios de la ley que estarían determinando su baja efectividad, como la burocracia del proceso de postulación y el bajo monto de los incentivos. Sin embargo, existirían otros factores, ajenos al programa, que también podrían estar incidiendo.

Durante las últimas décadas se ha desarrollado bastante investigación sobre los bosques nativos, en cuanto ecosistemas (dinámica, biodiversidad, etc.), pero muy poca sobre su contexto socioeconómico y cultural. En un país donde cerca del 70% del bosque nativo está en manos privadas, parece importante conocer mejor a sus propietarios- usufructuarios. En Chile, el estado en el que se encuentra un bosque es el resultado de decisiones pasadas y presentes, las cuales pudieron/pueden estar orientadas a intervenir el bosque propiamente tal (ej. extracción de madera) o no (ej. ganadería, trabajo asalariado, etc.). El bosque nativo es parte de un sistema productivo, razón por la cual todas estas decisiones tienen el potencial de influir sobre su estado de conservación.

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Avanzando en la propuesta hacia un Nuevo Modelo Forestal

Luis Astorga, Heinrich Burschel

talas_aguaEn el año 2011 la Agrupación de Ingenieros Forestales por el Bosque Nativo, AIFBN, publicó el documento: “Hacia un Nuevo Modelo Forestal: Propuestas para el Desarrollo Sustentable del Bosque Nativo y el Sector Forestal en Chile”.

Este documento era esencialmente un diagnóstico del sector forestal que mostraba claramente  la necesidad de un profundo cambio del modelo forestal actual basado en las doctrinas del neoliberalismo. La creación de grandes superficies de plantaciones estaba provocando serios impactos ambientales y sociales con nulo crecimiento de las economías locales, lo que mantenía un nivel de pobreza inaceptable en el sector rural forestal. Una de las características del modelo de desarrollo forestal, ha sido su crecimiento  desequilibrado privilegiando con creces, el sector de plantaciones de especies exóticas olvidando la realidad del bosque nativo.

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Los incendios forestales y el adolescente llamado Chile

Columna de opinión de Sergio Donoso, socio AIFBN y académico de la Universidad de Chile, publicada en el Diario El Mostrador.

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La Industria de la celulosa en Chile, otra “anomalía de mercado”

Columna de opinión de René Reyes y Sergio Donoso, socios de la Agrupación de Ingenieros Forestales por el Bosque Nativo (AIFBN), publicada en el El Mostrador.

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