La conservación de los ecosistemas y su desvinculación de su entorno

Jennifer Romero, Directora Ejecutiva AIFBN

El mostrador

Foto_ AIFBN- Alejandra Torres

Esta semana hemos tenido conocimiento de un acuerdo entre ministerios para traspasar la tutela de las Áreas Silvestres Protegidas del Estado al Ministerio de Medio Ambiente. Actualmente estas áreas se encuentran bajo el cuidado de CONAF, que pertenece al Ministerio de Agricultura, y serían ambos Ministerios los que han llegado a este compromiso.

¿Cuál es el trasfondo de esto? Es malentender lo que significa conservar los ecosistemas. Gran parte de las áreas silvestres actualmente protegidas corresponden a bosques naturales. Que sean áreas protegidas significa que sólo pueden intervenirse en muy baja medida y bajo estrictos resguardos ambientales. Se protegen porque se les considera de un alto e irremplazable valor ambiental o social. Estas áreas limitan con zonas no protegidas, que muchas veces también corresponden a bosques, que se utilizan con fines productivos, de recreación u otros. Ambas conviven en un mismo paisaje y son parte de un mismo ecosistema. De la co-existencia de ambas áreas resulta y depende la generación de agua, el estado de los suelos, la generación de oxígeno, la flora, la fauna y las actividades productivas. A ellas se suma en el mismo paisaje las plantaciones forestales, la agricultura y la ganadería.

Conservar significa, entonces, administrar responsablemente todos los recursos naturales para asegurar su existencia en buena salud: árboles vigorosos, de especies variadas, agua limpia y abundante, oxígeno, suelos limpios y fértiles, fauna diversa, saludable y en número suficiente que permita su existencia en el muy largo plazo, etc. Significa también, y como consecuencia, asegurar la vida de las personas, contar con opciones de uso de suelo que permitan asegurar la economía y la cultura. Significa, en resumen, utilizar de manera responsable.

Llevar la gestión de Áreas Protegidas a otro ministerio es un mensaje claro: se pretende resguardar una pequeña porción del territorio y declarar que las zonas no protegidas son estrictamente productivas, y en ellas no cuenta la conservación. Se pierde la mirada integral del paisaje; se omite la combinación de usos del suelo para definir un paisaje completo, sustentable. Se pretende disociar la decisión de la administración de un territorio entre su preservación (no tocar) o utilizarlo como zona de sacrificio. Se deja de lado la posibilidad de combinar opciones posibles de uso bajo una misma gestión. Se abandona, entonces, la posibilidad de conservación del paisaje como el sistema diverso y complejo que es, y se lo deja como el resultado no planificado de una suma de decisiones aisladas, no coordinadas y con objetivos discordantes.


Incendios forestales y un Modelo Forestal agotado

Escrito por Jennifer Romero,  Directora Ejecutiva de AIFBN y editora Revista Bosque Nativo

dsc_0284-2-copia

Recientemente se lanzó el Protocolo de Plantaciones Forestales, que corresponde a un documento consensuado por el Consejo de Política Forestal. Este protocolo contó con la opinión de expertos, y  contiene procedimientos para suelos y aguas, incendios, funcionalidad ecológica y asociatividad. El contar con una pauta para un mejor manejo de las plantaciones es muy relevante dado que existen en Chile alrededor de 2,5 millones de hectáreas, que generan 420.000 empleos directos e indirectos y proveen el 99% de la madera que se procesa en la industria nacional. Este Protocolo constituye un avance, aunque su puesta en práctica es voluntaria, por lo que deja muchas dudas sobre su real aplicación.

No nos olvidemos de los bosques nativos. Muchos de ellos, en particular los que no están en áreas protegidas, se encuentran en distintos estados de degradación. Una importante cantidad de hectáreas fueron afectadas el verano pasado por la acción del fuego y, lo que es más importante, es que muchos bosques muy frágiles y cruciales para la vida en condiciones de relativa aridez fueron afectados. Especies como el ruil se vieron fuertemente dañadas. El ruil es una especie endémica de Chile, que se encuentra en sólo 3 comunas del país (cerca del poblado de Santa Olga, que, como sabemos, desapareció casi completamente devastado por el fuego), y que se encuentra en serio peligro de extinción. Esta especie, y otras de los bosques nativos sustentan una gran variedad de flora y fauna, y representan un factor clave para asegurar la provisión de agua por su capacidad de percolar lentamente la lluvia y actuar como un filtro para que el agua llegue limpia y en forma “dosificada” a los ríos y otros caudales superficiales, y se acumule también como agua subterránea. La herramienta que regula y fomenta la forestación y buen manejo de los bosques nativos es la Ley homónima (Ley 20.283 o “Ley de Bosque Nativo”), que hasta ahora ha mostrado muy poca efectividad y presenta importantes restricciones para su implementación.

Leer Más






¿Quieres ser socio de la Agrupación de Ingenieros Forestales por el Bosque Nativo?