Revista Bosque Nativo N° 62

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Revista Bosque Nativo número 62Publicada en formato PDF y papel digital. Diciembre 2018.

 


FINALIZA PROYECTO DE EDUCACIÓN AMBIENTAL EN INSTITUTO COMERCIAL DE VALDIVIA

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Este miércoles 28 de noviembre finalizó el proyecto “Educándonos Frente al Cambio Climático”, liderado por la Agrupación de Ingenieros Forestales por el Bosque Nativo (AIFBN) y el Instituto Comercial de Valdivia.   

El proyecto contó con la participación de más de cien estudiantes de enseñanza media y su ejecución fue posible gracias al financiamiento otorgado por el Gobierno Regional de los Ríos, a través del Fondo Nacional de Desarrollo Regional (FNDR 2018). Este fondo se orienta en la ejecución de actividades de protección del medio ambiente y educación ambiental.

Durante el mes de octubre hasta fines de noviembre, se realizaron un total de siete talleres de educación ambiental, enfocados en dar a conocer más sobre los efectos del cambio climático en la ciudad de Valdivia y los ecosistemas naturales que lo rodean, como por ejemplo, el bosque nativo y los humedales.

En cada taller se trabajó un caso que afectara a la comunidad valdiviana, donde se mezclaban los efectos del cambio climático con acciones realizadas por el ser humano. Para resolver estos casos propuestos, los estudiantes evaluaron e identificaron situaciones o acciones humanas que acrecientan los efectos del cambio climático, terminando así en la elaboración de propuestas que fueron publicadas en un boletín informativo, el cual fue difundido en el colegio.

De esta manera, a través de este proyecto de educación ambiental se pudo fomentar el flujo de información mediante la prensa escolar, abarcando contenidos complejos como el cambio climático; las funciones del bosque nativo; las funciones de los humedales y las amenazas que recaen sobre estos ecosistemas. Esta experiencia ha contribuido en acercar el conocimiento académico a la comunidad estudiantil, evidenciando los efectos del cambio climático y las repercusiones que generan nuestras acciones en nuestro entorno.

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DÍA MUNDIAL CONTRA EL MONOCULTIVO DE ÁRBOLES

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Alberto Peña, Ingeniero Forestal y socio AIFBN

En junio de 2016 fallecía Alvin Toffler, escritor estadounidense, doctor en sociología, autor de tres obras señeras: El Shock del Futuro; La Tercera Ola y; El Cambio en el Poder (un estudio sobre las nuevas formas de dominio que controlaban la riqueza). Era un preclaro futurista que fue capaz de predecir muchos de los actuales escenarios.

Es Alvin Toffler el que acuña, en 1980, el concepto de indusrealidad para referirse a los procesos de uniformización, especialización, sincronización, concentración, maximización y centralización que caracterizarían a los sistemas industriales surgidos de la revolución industrial. Vemos la indusrealidad de Toffler con claridad cuando analizamos las plantaciones forestales instaladas en Chile y en otros países del mundo. No es sólo una plantación monotípica, semejante a un cultivo agrícola. Las plantaciones se fueron adueñando del paisaje y se les presentó como un noble cultivo que permitía mitigar los fuertes procesos erosivos que habían desatado los monocultivos de trigo; también se les mostraba como un aporte al desarrollo de los territorios y su gente. Sin embargo ambos monocultivos se concebían bajo el mismo concepto de indusrealidad uniformadora, concentrada, centralizada, sincronizada y que pretendían maximizar la renta del suelo incluso a precio de su degradación. Esta indusrealidad es monótona, repetitiva hasta el cansancio, unidimensional, que sólo busca maximizar las utilidades de sus dueños también concentrados. Sin hacerse cargo de sus múltiples impactos tanto sociales como ambientales y ecológicos. Y aunque Toffler advertía tempranamente los riesgos inherentes a la uniformidad de los procesos y a su concentración, no alcanzó a percibir los megafenómenos que la revolución industrial desataría a cien años de distancia y que hoy los habitantes del siglo XXI percibimos cada vez con mayor fuerza y evidencia: la Desertificación y el Cambio Climático.  

Hoy en día cada 21 de Septiembre, junto con conmemorar el Día Internacional de Lucha contra los Monocultivos de Árboles, las organizaciones, redes y movimientos celebran la resistencia y alzan sus voces para exigir que se detenga la expansión de las plantaciones industriales de árboles. Y su rebelión no es un capricho que surge de la ignorancia (como algunos señalan). Dichas plantaciones amenazan la soberanía de comunidades y pueblos. Amenazan su seguridad. Hoy vemos que estos enclaves industriales de los cuales las plantaciones son meros insumos, se transforman paulatinamente en enclaves monopólicos que contribuyen a incrementar la vulnerabilidad de las personas y comunidades. Hay que destacar que esta declaración no es contra especies en particular, sino contra la forma de establecimiento y administración de monocultivos masivos, que por su magnitud y continuidad afectan la biodiversidad, la variedad de paisajes, los balances hídricos y además, por la forma de cosecha (tala rasa), eliminan los escasos atributos positivos que pudieron tener, como la retención de suelos mientras se mantuvo en pie la plantación.

El Día Internacional de Lucha contra los Monocultivos de Árboles fue declarado en 2004, durante un encuentro de una red comunitaria que lucha contra las plantaciones industriales de árboles en Brasil; se eligió el 21 de septiembre porque en esa fecha Brasil celebra el Día del Árbol.

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https://wrm.org.uy/es/listado-por-temas/resistencia-local-y-global/dia-internacional-de-lucha-contra-los-monocultivos-de-arboles/


EN EL DÍA DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS

Luis Astorga S., Director Honorario, Agrupación de Ingenieros Forestales por el Bosque Nativo, AIFBN.

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El solo cumplimiento de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los Pueblos Indígenas y el Principio 3 del sello FSC (Forest Stewardship Council) pueden resolver el conflicto generado por las grandes empresas forestales y el pueblo mapuche.

El Estado de Chile ha desconocido no solo compromisos adquiridos en diversos acuerdos históricos con el pueblo mapuche, sino que no ha otorgado una cabal y justa interpretación a la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los Pueblos Indígenas. En lo medular, no se cumple con los artículos 3 y 4 que se refieren al derecho a la libre determinación de su condición política y derecho a la autonomía o autogobierno. La sola voluntad política del Estado de Chile para cumplir con lo anterior implicaría el comienzo para que muchos líderes mapuche y el Senador Huenchumilla se sienten en una mesa a discutir una salida política al conflicto.

Esta situación ambigua y las políticas de la dictadura abrieron la puerta para que varias empresas forestales, grandes y medianas, hayan adquirido tierras ampliando fuertemente su patrimonio en territorios que no hace muchas décadas pertenecían a familias mapuche, especialmente al sur de la Región del Biobío y de la Araucanía. En ellas desarrollaron vastas áreas de monocultivos de Pino y Eucalipto, arrinconando a las familias, eliminando áreas de cultivo, sitios religiosos y culturales, lugares de colecta de plantas medicinales, etc., afectando la economía y vida espiritual del pueblo mapuche. Como lo menciona el historiador mapuche Fernando Pairican en su libro “Malón, la Rebelión del Movimiento Mapuche, 1990-2013”, se había originado un proceso de destrucción de la esencia del ser mapuche. “esta nueva generación observaba que el país mapuche de sus bisabuelos estaba en peligro de extinción ante los proyectos modernizadores neoliberales como lo eran las forestales e hidroeléctricas” (pág. 21).

Con el fracaso de varias iniciativas en los gobiernos de la Concertación, partiendo por el Acuerdo de Nueva Imperial en 1989 (Gobierno de Aylwin), muchos jóvenes mapuche inician acciones violentas, principalmente en contra del patrimonio de empresas forestales, lo que genera un escalamiento del conflicto. Sin analizar alternativas políticas, se responde con mas represión, conflicto que se mantiene hasta la actualidad.

El que las empresas forestales contaran con el sello de la Certificación FSC, que respalda el buen desempeño de estas empresas en lo ambiental, social y económico, les mejoró las opciones de llegada a los mercados internacionales y generó alternativas de diálogo frente al conflicto chileno-mapuche, pero el problema era más profundo; fuera de acuerdos puntuales, no se ha avanzado en su resolución. En este caso, el FSC debería haberse retirado del territorio en conflicto porque en las condiciones actuales es imposible cumplir con el Principio 3 de sus estándares que dice: “La Empresa (que quiere certificar FSC) deberá identificar y respaldar los derechos legales y consuetudinarios de los pueblos indígenas, en relación con la propiedad, uso y manejo de la tierra, territorios y recursos, que resulten afectados por las actividades de manejo”. La Agrupación de Ingenieros Forestales por el Bosque Nativo (AIFBN) solicitó un informe al respecto, pero hubo indiferencia ante esta situación de conflicto. Incluso, se continuó certificando o recertificando bajo el sello FSC. Esta es una de las causas por las que la AIFBN se retirara como miembro activo de este sistema de Certificación.

 


La conservación de los ecosistemas y su desvinculación de su entorno

Jennifer Romero, Directora Ejecutiva AIFBN

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Esta semana hemos tenido conocimiento de un acuerdo entre ministerios para traspasar la tutela de las Áreas Silvestres Protegidas del Estado al Ministerio de Medio Ambiente. Actualmente estas áreas se encuentran bajo el cuidado de CONAF, que pertenece al Ministerio de Agricultura, y serían ambos Ministerios los que han llegado a este compromiso.

¿Cuál es el trasfondo de esto? Es malentender lo que significa conservar los ecosistemas. Gran parte de las áreas silvestres actualmente protegidas corresponden a bosques naturales. Que sean áreas protegidas significa que sólo pueden intervenirse en muy baja medida y bajo estrictos resguardos ambientales. Se protegen porque se les considera de un alto e irremplazable valor ambiental o social. Estas áreas limitan con zonas no protegidas, que muchas veces también corresponden a bosques, que se utilizan con fines productivos, de recreación u otros. Ambas conviven en un mismo paisaje y son parte de un mismo ecosistema. De la co-existencia de ambas áreas resulta y depende la generación de agua, el estado de los suelos, la generación de oxígeno, la flora, la fauna y las actividades productivas. A ellas se suma en el mismo paisaje las plantaciones forestales, la agricultura y la ganadería.

Conservar significa, entonces, administrar responsablemente todos los recursos naturales para asegurar su existencia en buena salud: árboles vigorosos, de especies variadas, agua limpia y abundante, oxígeno, suelos limpios y fértiles, fauna diversa, saludable y en número suficiente que permita su existencia en el muy largo plazo, etc. Significa también, y como consecuencia, asegurar la vida de las personas, contar con opciones de uso de suelo que permitan asegurar la economía y la cultura. Significa, en resumen, utilizar de manera responsable.

Llevar la gestión de Áreas Protegidas a otro ministerio es un mensaje claro: se pretende resguardar una pequeña porción del territorio y declarar que las zonas no protegidas son estrictamente productivas, y en ellas no cuenta la conservación. Se pierde la mirada integral del paisaje; se omite la combinación de usos del suelo para definir un paisaje completo, sustentable. Se pretende disociar la decisión de la administración de un territorio entre su preservación (no tocar) o utilizarlo como zona de sacrificio. Se deja de lado la posibilidad de combinar opciones posibles de uso bajo una misma gestión. Se abandona, entonces, la posibilidad de conservación del paisaje como el sistema diverso y complejo que es, y se lo deja como el resultado no planificado de una suma de decisiones aisladas, no coordinadas y con objetivos discordantes.


¡NO NOS OLVIDEMOS DE LOS GIGANTES! ÁRBOLES MONUMENTALES Y PATRIMONIO NATURAL DE CHILE

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Por:Alvaro G. Gutiérrez.

Ing. Forestal, Dr. Académico del Departamento de Ciencias Ambientales y Recursos Naturales Universidad de Chile y socio de AIFBN

La suerte de Chile es contar con un patrimonio natural rico en recursos naturales. La mala suerte es que esta riqueza implicó la inminente destrucción y degradación del patrimonio natural con el contábamos. El rápido avance de la frontera de desarrollo producto del aumento incesante de la población humana, la globalización y el efecto del cambio climático, plantean un desafío para la conservación del patrimonio natural. La degradación de los bosques por cortas indiscriminadas, el reemplazo de bosques antiguos por bosques jóvenes, la sustitución de bosques por cultivos agrícolas, la contaminación y degradación de suelos, la invasión de especies exóticas, son problemáticas actuales y que aun no se detienen. A esto se suma el deterioro de los bosques producto de sequías extremas que han causado incendios de grandes extensiones y desecamiento de árboles.

 En este contexto, en los bosques remanentes aun encontramos árboles singulares que por su tamaño y/o longevidad representan un patrimonio natural aun no reconocido en Chile. Estos árboles son el legado de un pasado remoto, en algunos casos representando la historia natural de uno o varios milenios. Es indudable la fascinación que despierta mirar y abrazar a un árbol gigante. Estos árboles nos recuerdan de la pequeñez del ser humano y la magnificencia de la naturaleza. Para muchas personas, es más fácil entender la relevancia de los bosques y los tiempos necesarios para su desarrollo, al observar estos árboles directamente en su ambiente natural. En esta columna quisiera poner en relevancia que, en Chile, estos árboles debieran ser considerados monumentos naturales por sus habilidades de supervivencia extraordinarias, historia natural y cultural. Dado el rápido avance de la degradación de bosques en Chile, el Estado debiera avanzar en desarrollar políticas que preserven los árboles monumentales debido a la escasa protección con la que cuentan.

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En Chile ya se han declarado, por ley, especies como monumentos naturales. Tal es el caso de la araucaria, el alerce, los bellotos, entre otros. Sin embargo, se debiera expandir el enfoque de preservación, adicionando el concepto de individuos (o genes) prioritarios. Esta idea no es nueva en el mundo, ya que existen múltiples ejemplos de árboles preservados en otros países. Además, la preservación de los tres niveles de organización de la biodiversidad (es decir, genes, especies, ecosistemas) ha sido internacionalmente reconocida. De hecho los árboles monumentales son indicadores de bosques antiguos en buen estado de conservación, por lo que su protección generaría un efecto paragua para la conservación de otras especies y los ecosistemas que los sostienen.

En los bosques de Chile se encuentran árboles que están dentro de los más masivos, longevos y grandes del mundo. El coigue es la especie con los árboles más altos y gruesos encontrados en Chile que no cuentan con ningún tipo de protección cuando se encuentran fuera de áreas silvestres protegidas. Otras especies de árboles monumentales no protegidas son el roble y el raulí, ambos fuertemente explotados por su valiosa madera.

Los árboles monumentales potencian la fascinación natural, son rarezas del mundo natural, proveen múltiples servicios ecosistémicos, permiten el estudio de adaptaciones de los seres vivos, representan un patrimonio biocultural para el país, y han sido fuertemente explotados. Por ejemplo, el árbol talado más grueso del que se tiene registro es un alerce de 430 cm de diámetro que fue cortado en la década del 1940. El árbol más longevo que conocemos en Sudamérica, era un alerce que tenía 3622 años al momento de su corta. Hace alrededor de diez años se cortó un ciprés de las guaitecas de 890 años, el más longevo de su especie encontrado en el país. Evitar que los árboles monumentales se sigan talando depende de avanzar en la legislación de conservación del patrimonio natural en Chile. El Laboratorio Bosque Ciencia de la Universidad de Chile (www.bosqueciencia.org) ha catalogado 44 arboles monumentales que pueden ser preservados. Algunos de ellos se encuentran dentro de áreas silvestres protegidas, pero sin lugar a dudas, existen otros que no han sido documentados y otros que no cuentan con ninguna figura de protección.

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La política de preservación del patrimonio natural de Chile debe avanzar en una legislación que brinde instrumentos a la sociedad para proteger y sancionar la corta de arboles monumentales, en particular de aquellos que se encuentran fuera de las áreas silvestres protegidas. Un primer paso es definir los criterios básicos para identificar arboles monumentales para cada especie arbórea del país. Esto se puede realizar convocando a un comité consultivo de expertos que definan tales criterios y decidan sobre los árboles que debieran ser categorizados como árboles monumentales. Un segundo paso es la elaboración de un catastro a escala nacional de árboles monumentales para todas las especies arbóreas del país, de manera que sirva como base para monitorear, periódicamente, el estado sanitario de los arboles. Un tercer paso, es manejar el bosque cuando sea necesario por su estado de degradación, y proteger el paisaje en el cual se desarrollan los árboles monumentales. Por ejemplo, en lugares donde se han identificado y localizado arboles monumentales se puede promover e implementar el desarrollo ecoturístico y de educación ambiental para su apreciación. La política de preservación debe contar con incentivos económicos para la conservación de los árboles monumentales, la conservación del bosque alrededor de ellos, la educación ambiental y el desarrollo ecoturístico de las comunidades aledañas. Finalmente, pero no menos importante, es incluir en la política procedimientos de control de incendios forestales que prioricen zonas donde se encuentran los árboles monumentales del país.

Chile tiene una deuda con su patrimonio natural, y la pérdida de árboles monumentales es un ejemplo de ella. La continua destrucción y degradación de los bosques nativos del país pone en riesgo la persistencia de los árboles monumentales debido a la corta de estos ejemplares o cambios inducidos por el hombre en los bosques que los sostienen. Aún estamos a tiempo de proteger estos monumentos naturales. Para esto debemos avanzar en una política que integre a los árboles monumentales, los cuales son un patrimonio natural que debe ser protegido en el país para que las próximas generaciones tengan la experiencia de la fascinación que despierta mirar y abrazar a un árbol gigante y milenario.


Parque ecológico: “El sueño de la comunidad de Futa”

En el marco del curso de “Restauración de Ecosistemas Forestales: Fundamentos ecológicos, prácticos y sociales”, dictado por la investigadora Eliane Ceccon y el académico de la Universidad Austral, Pablo Donoso, el 08 de junio se realizó una visita a terreno a la comunidad de Futa. Este sector se ubica a 45 minutos de Valdivia, en la comuna de Corral, aledaño a uno de los grandes cursos de agua de la región, el Río Futa.

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Con el objetivo de compartir e intercambiar experiencias, el seminario encabezado por el Dr. Pablo Donoso, académico del Instituto de Bosques y Sociedad de la Facultad de Ciencias Forestales y Recursos Naturales de la Universidad Austral de Chile (UACh) y la Dra. Eliane Ceccon Investigadora Titular Programa “Estudios Socioambientales” del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la Universidad Nacional Autónoma de México (CRIM-UNAM), desarrollaron una salida a terreno para mostrar a los estudiantes el trabajo realizado por la comunidad en lo que respecta a la restauración ecológica.

A través de los años, algunos propietarios de la comuna de Corral han trabajado en la restauración del bosque nativo a orillas del río Futa, donde las plantaciones de pino y eucalipto sobresalen en un paisaje que alguna vez fue dominado por el bosque nativo. Los primeros acercamientos a la comunidad de Futa fueron realizados por la Agrupación de Ingenieros Forestales por el Bosque Nativo (AIFBN) hace casi 20 años.

El trabajo desarrollado por la AIFBN junto a la comunidad, logró que esta pudiera apreciar el bosque nativo desde otra perspectiva y sobretodo, identificar su gran potencial como fuente de ingresos. De esta manera la comunidad se ha logrado organizar, orientado sus esfuerzos en recuperar el bosque nativo en Futa y así poder levantar un proyecto turístico sustentable.

NACE LA IDEA DEL TURISMO RURAL

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Carlos Soto, propietario localidad Río Futa.

El punto de encuentro entre los propietarios de la localidad de Futa y los estudiantes del curso, fue la sede vecinal Nº4 de Corral. En su interior hay un gran mapa del sector donde está trazada una idea que nació de un vecino de la comunidad e integrante de la AIFBN, Alfredo Pradenas (Q.E.P.D.). Así lo expresa el matrimonio compuesto por Carlos Soto y Teresa Soto: “Fue él quien tuvo la idea de plantar el borde del río para hacer algo relacionado con el turismos rural y que a futuro se convirtiera en un parque ecológico. Incluso él tenía una isla con tres hectáreas que fueron plantadas con nativos y ahí nosotros también empezamos a trabajar con esta idea”. De esta manera, comienza la restauración ecológica en Futa, encabezada por Carlos y Teresa, donde han sabido mostrar compromiso y liderazgo, como también entereza, ya que continuan a pesar del fallecimiento de Alfredo Pradenas.

Una de las acciones que se tuvo que llevar a cabo para poder avanzar en la restauración del bosque nativo, fue la implementación del concepto ordenamiento predial. Así lo manifiesta uno de los propietarios que ha participado activamente en esta iniciativa, Fedrén Pérez, quien está convencido que el ganado y el bosque nativo pueden vivir juntos.

Fedrén es propietario de un terreno de 25 hectáreas, donde una de ellas está destinada sólo a plantaciones de árboles nativos, exhibiendo ejemplares de alerce, canelo, melí y ulmo de notable crecimiento. Mediante trabajo y aprendizaje, Fedrén logró compatibilizar las plantaciones de árboles nativos con la crianza de animales. “El predio ordenándose alcanza para todo. Claro, hay que trabajarlo, pero en unos años más cuando los árboles estén más grandes y los animales no le hagan nada ahí se puede levantar el cerco protector”, comenta Fedrén.

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Predio de Fedrén Pérez, Localidad Río Futa. En la foto uno de los integrantes del seminario de “Restauración de bosques en Chile y en América Latina”.

Sin embargo, a pesar de los notables avances alcanzados, hoy la situación se ha tornado más compleja para la comunidad. Así lo indica Teresa Soto: “Actualmente estamos  pasando por un bajón, porque fueron casi 13 años de estar motivando mucho a la gente. De hacer cosas de proyectarnos no solamente en el sector sino que desde Santiago hasta Chiloé, para hacer incursiones de cómo estábamos trabajando aquí y es un poco triste, porque en la última reunión con los vecinos, la gente manifestó su inconformismo, porque nos estancamos un tiempo. De los 19 vecinos que estaban en este proyecto, hoy sólo quedan nueve y “con mucha pena se quieren bajar dos más”.

EL DESAFIO: INCENTIVAR A LA COMUNIDAD

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Integrantes del seminario “Restauración de bosques en Chile y en América Latina”

La investigadora. Eliane Ceccon en su experiencia trabajando con comunidades, reconoce que no es fácil motivar a las personas, pero destaca que “en cada proceso de restauración es primordial la participación de las comunidades y que se apropien de los proyectos. “Lo principal, bajo nuestro punto de vista, es que logren sentirlo como suyo”, señaló.

Ceccón también indicó que la gente que se ve afectada por la degradación del ecosistema, viven generalmente en una extrema pobreza que es difícil conocer si solo se miran las cifras. “Muchas veces el único camino para mejorar la calidad de vida de esas personas es formar parte de estos procesos de restauración, porque de esta forma se sienten contribuyendo con su entorno. Entonces para nosotros esta relación se vuelve muy fructífera, porque nos permite desarrollar nuestras investigaciones y al mismo tiempo la población puede percibir cómo mejora su calidad de vida”, relató.

Bajo esta visión, los pocos propietarios que van quedando en este trabajo de conservación, aún mantienen la ilusión de que aquellos que se han retirado de esta iniciativa, vuelvan a reencantarse con el proyecto. Para finalizar, es importante destacar que la restauración ecológica en Futa no sólo es responsabilidad de la comunidad, sino que de todos los actores del territorio. Para poder llevar a cabo procesos de restauración es indispensable la integración de los actores del territorio, donde se debe buscar alternativas de financiamiento y de apoyo técnico necesario para alcanzar el objetivo predispuesto. Si se contempla la participación de todos en la restauración en Futa, es muy probable que aquellos que perdieron la ilusión en el proyecto la recuperen, haciendo que se motiven y mediante su trabajo logren que la utopía se transforme en realidad.


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