PARQUES NACIONALES: “miremos hacia el centro-norte”

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Parque Nacional Lauca

El 24 de agosto de cada año se conmemora el Día Internacional de los Parques Nacionales o Naturales. Este día se crea con el objetivo de enseñar y concientizar a la sociedad sobre la importancia de conservar la naturaleza para así evitar su desaparición. En este contexto, cuando hablamos de naturaleza, podemos decir que Chile es un país privilegiado en lo que puede ofrecer. A nivel internacional, Chile es reconocido por su exuberante riqueza en biodiversidad, la que se encuentra distribuida en una gran variedad de ambientes a lo largo del territorio nacional. Además de presentar gran presencia de especies endémicas (es decir, solo están en Chile), muchos de estos ambientes tienen dinámicas naturales únicas en el mundo, las que se han mantenido por siglos a pesar de la intervención humana. Con la incorporación de los parques nacionales Pumalín Douglas Tompkins y Melimoyu, el Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del Estado (SNASPE) cuenta con más de 15 millones de hectáreas, lo que equivale al 20% de la superficie continental del territorio nacional.

A pesar de lo impresionante que puedan parecer estas cifras, la realidad es que Chile aún está en deuda con la conservación de sus ecosistemas, en especial en la zona centro y zona norte del país. Actualmente, hay más de 4 millones de hectáreas de bosques y formaciones xerofíticas catalogadas en las categorías “en peligro” y en “peligro crítico”, las que además cuentan con un bajo grado de protección. Dentro de estos ecosistemas mediterráneos y áridos amenazados, destaca el bosque y matorral esclerófilo. A nivel mundial, el bosque y matorral esclerófilo es catalogado como un hotspots, es decir, una de las zonas del planeta donde un ecosistema concentra una alta biodiversidad y endemismo. En zonas mediterráneas y áridas, los bosques y formaciones xerofíticas son responsables de proveer valiosos servicios ecosistémicos, como la provisión de agua, captura de dióxido de carbono (CO2), mitigación de la contaminación, protección de suelos, biodiversidad, alimento, medicina, valor cultural y belleza escénica, entre otros. Además, estos ecosistemas juegan un rol fundamental frente a escenarios complejos que amenazan nuestra seguridad y bienestar, como lo son el cambio climático y la desertificación.

En los últimos años, la devastación de ecosistemas mediterráneos y áridos de Chile se ha intensificado producto de incendios forestales y la falta de regulación en el uso del suelo, donde se ha reemplazado bosque y formaciones xerofíticas por plantaciones agrícolas, plantaciones forestales, terrenos para la ganadería, proyectos inmobiliarios, proyectos hidroeléctricos, proyectos fotovoltaicos, proyectos mineros y otros proyectos que se ingresan al cuestionado Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA). Esta lamentable situación es el resultado de la frágil y permisiva institucionalidad ambiental del país, como también de la ausencia instrumentos que incentiven al manejo de estos ecosistemas, limitando su recuperación, aumentando su degradación y afectando la entrega de servicios ecosistémicos que favorecen a la población.

En este contexto, es urgente aumentar la representación de ecosistemas mediterráneos y áridos en el SNASPE, incrementando su protección para reducir el grado de amenaza. Por otro lado, es estrictamente necesario fortalecer al SNASPE, donde se debe exigir al Estado que los presupuestos otorgados para realizar labores de conservación estén en similitud con los de otros países de la OCDE. También es importante que el Estado proporcione instrumentos de carácter descentralizado que permitan enfrentar la fragmentación de estos ecosistemas y que incentiven al manejo restaurativo, para así reducir su degradación, mejorar su conectividad y fomentar su recuperación. Finalmente, para que la conservación de estos ecosistemas sea efectiva, la aislación con respecto al territorio no se debe considerar como alternativa, pues eso genera rechazo y sólo termina acrecentando conflictos sectoriales. La integración de comunidades es fundamental para el éxito de nuevos proyectos de conservación, donde su participación puede ser vital no sólo en la protección de ecosistemas, sino que también en la implementación de acciones frente a escenarios complejos e inciertos como el cambio climático y la desertificación.

Pablo Parra Soto

Ing.Forestal U. de Chile

Coordinador Agrupación de Ingenieros Forestales por el Bosque Nativo (AIFBN)






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